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El escritor en su paraíso. 30 grandes autores que fueron bibliotecarios, Ángel Esteban (Editorial Periférica, mayo 2014)
Prólogo de Mario Vargas Llosa
Este libro es una descripción del trabajo que realizaron 30 escritores, entre el siglo XVI y el XX, de 14 países de Europa y América, en las bibliotecas que dirigieron o en las que estuvieron contratados, de la formación literaria que recibieron y de cómo el trabajo en las bibliotecas fue importante para su desarrollo artístico. Tal descripción está sazonada, asimismo, de anécdotas muy interesantes que conectan su vida profesional con su vida literaria. Es, en definitiva, un alegato a favor del uso de las bibliotecas para adquirir cultura y mejorar como ser humano.
Se señala, por ejemplo, cómo Robert Burton escribió su Anatomía de la melancolía en la biblioteca de la Universidad de Oxford, sobre 1620, sumido en una intensa depresión personal, o cómo Goethe se reunía en la biblioteca de Weimar, de la que era director, con Schiller, con Humboldt, Fichte, Schelling, Jean Paul, August Wilhelm y Friedrich von Schlegel, Ludwig Tieck, Novalis, Henrik Steffens y Hegel, en los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX, consiguiendo juntar en un mismo espacio a los miembros de la más importante generación literaria y filosófica de toda la historia alemana.
También se relatan los esfuerzos del peruano Ricardo Palma al término de la Guerra del Pacífico, cuando se encontró la Biblioteca Nacional, que dirigía, destrozada y saqueada, y cómo fue buscando ejemplares por todos lados y pidiendo a sus amigos extranjeros de Academias y escritores, como un mendigo, que le enviaran libros, consiguiendo miles de ellos en muy poco tiempo.
Aunque no todos fueron tan diligentes, porque Marcel Proust, a finales del siglo XIX, fue expulsado de la que constituyó la única ocupación laboral en toda su vida, como bibliotecario en la Mazarina, por no acudir reiteradamente al trabajo, lo que provocó que se encerrara definitivamente a escribir En busca del tiempo perdido.
Algunos como Borges estuvieron casi dos décadas como directores, desde que cayó Perón (1955) hasta que volvió al poder. Cuando tuvo que abandonar lo que era su segundo domicilio, a veces hacía el mismo recorrido todos los días como si fuera a trabajar a su biblioteca: llegaba, daba la vuelta y se volvía a casa con una enorme pena… ya estaba ciego y conocía el lugar exacto de muchos libros, se perdía por los pasillos y los tocaba, se imaginaba sus portadas, etc.
Para otros, la biblioteca llegó a constituir una especie de salvación personal: Solzhenitsyn, por ejemplo, en el campo de concentración de Lubianka era asiduo visitante de la biblioteca, pero a veces no les entregaban los libros o les retrasaban los pedidos, porque los carceleros veían que había marcas en las páginas, lo que significaba una comunicación en clave entre los presos. Luego fue llevado a una sharashka como “prisionero en misión especial”, un centro de investigaciones científicas, como matemático, pero también como bibliotecario, y allí hizo muchas peticiones de libros de literatura para que fueran adquiridos.
En fin, algunos se toparon laboralmente muy pronto con las bibliotecas, siendo estudiantes. Stephen King tenía que trabajar en la biblioteca de la universidad de Maine para pagarse los estudios, en 1969, cuando todavía quedaban secuelas del mayo del 68, Nixon se retiraba de Vietnam, se escuchaba música de los Who, los Credence, Kenny Rogers, Jim Morrison, Jimy Hendrix, John Lennon, Janis Joplin, Elvis Presley, y donde además conoció a la que sería luego su mujer, aunque como estudiante nunca dejó de ser problemático.
Más necesidad de trabajo tuvo Vargas Llosa la década anterior, nada más casarse, con 19 años, con su tía, 11 años mayor que él. Como su padre lo buscaba para matarlo, desapareció del entorno familiar y pidió ayuda a un profesor suyo, que le consiguió un trabajo en la biblioteca del Club más selecto de Lima, donde recibió un salario exiguo pero al menos podía mantenerse económicamente. En fin, las historias de estos 30 autores son altamente sugerentes, y muchas de ellas divertidas, y muestran cómo la vocación literaria puede engendrarse o fortalecerse con el contacto asiduo con las bibliotecas.
Derechos extranjeros cedidos a :
Alakarga (Turquía), 2014
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De Gabo
a Mario, Ángel Esteban & Ana Gallego (Espasa Calpe, 2009)
Dos narradores extraordinarios, Gabo y Mario, el poeta y el arquitecto, Lennon y McCartney, el turco y el indio, Zipi y Zape, protagonizan una de las amistades más férreas de toda la literatura universal. Esos mismos amigos, diez años más tarde, terminan su relación con una pelea que llega hasta los puños. Cobijados bajo sus alas, un conjunto de escritores, los mejores del continente latinoamericano, se reúnen, celebran, se escriben y viven juntos aventuras apasionantes. Las novelas más sobresalientes del siglo XX en español, los grandes premios literarios, los contratos millonarios, los congresos y las fiestas, las cartas, todo eso, y mucho más, es lo que llegó a conocerse como el boom de la literatura hispanoamericana. Una pléyade de autores y obras sin parangón en la lengua de Cervantes desde el primer Siglo de Oro. Las décadas de los sesenta y los setenta constituyen, indudablemente, la segunda edición de una Edad privilegiada para las letras hispánicas.
Derechos extranjeros cedidos a :
Vintage (USA), 2011 |
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Gabo
y Fidel. El paisaje de una amistad, Ángel Esteban & Stéphanie
Panichelli Espasa Calpe, 2004.
Los dos personajes más carismáticos del siglo XX hispanoamericano,
Fidel Castro y Gabriel García Márquez, han declarado
públicamente su amistad. Una relación personal, política
y literaria. Castro, que durante años no facilitó
al Nobel colombiano acercarse a su guarida insular, más tarde
aceptó sin disimulo sus caricias conspiradoras. Gabo, obsesionado
por el poder, los caudillos y la mediación diplomática
del más alto rango, vio en el patriarca cubano el modelo
particular a partir del cual América Latina podría
construir algún día un socialismo propio. Castro,
que no tuvo en su isla un intelectual que le sirviera de comodín
para difundir sus logros revolucionarios, encontró en García
Márquez al ser más hábil que el Caribe había
dado a luz desde los tiempos del cólera. Gabo, que siempre
rechazó las proposiciones de partidos políticos y
líderes colombianos para ser ministro, embajador o presidente,
se colocó el traje de campaña para hacer política
a su manera: merodeando alrededor del poder, controlándolo
y dirigiéndolo, mandando sin cetro, llevando propuestas de
uno a otro país, como embajador único y siamés
del “comandante barbudo”. Esta es la apasionante historia,
el paisaje de esa amistad y sus secretos.
Ediciones extranjeras
- Studio Emka Klara Molnar (Polonia), 2006
- Ambar (Portugal), 2007
- Shinchosha (Japón), 2009
- Pegasus Books (EEUU), 2009
- Dogan Egmont (Turquía), 2011
- Yemun Publishing (Corea), 2011
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