Obra Pedro Pérez Prieto

 

 

Sonetos, William Shakespeare : Traducción de Pedro Pérez Prieto (Nivola, oct 2008)

Son numerosas las traducciones de los sonetos de William Shakespeare al castellano. Tras consultar aquellas versiones que consideré más interesantes me pareció que podía contribuir a acercar los sonetos un poco más al lector de castellano.

Mi traducción responde a un enfoque claro y sencillo, pero exigente. Poesía es para mí el resultado de expresar un estado de alma en lenguaje poético. El estado de alma, los sentimientos (contenido) son expresados con palabras (forma). Pero forma y contenido son inseparables. La inspiración, las Musas, Dios (en este caso William Shakespeare) nos dan de balde esos sentimientos; mas sólo el poeta puede expresarlo en palabras, porque la poesía es efecto de las palabras. El poeta, cuando escribe poesía, ha de elegir entre las muchas posibilidades que se le ofrecen; no así el traductor, cuya elección es más restringida aunque no por ello menos rica, menos poética. La traducción ha de ser equivalente y aceptable en la lengua de llegada. Me estoy refiriendo tanto al contenido como a la forma: ese estado de alma expresado en lenguaje poético con unas características estilísticas equivalentes. Aunque el pentámetro yámbico se compone de cinco yambos, son muchos los poetas, incluido Shakespeare, que introducen variaciones. Y si tenemos en cuenta las normas que, según los lingüistas Morris Halle y Samuel Jay Keyser (English Stress: Its Forms, Its Growth, and Its Role in Verse, Harper and Row, 1971), sirven para determinar las variaciones admisibles en el pentámetro yámbico, su equivalente en castellano es, sin duda, el endecasílabo.

El ritmo bien empleado tiene un valor poético importante. Todas las grandes composiciones poéticas son grandes composiciones rítmicas. Es evidente que la percepción del poema por parte del traductor ha de ser adecuada porque, de lo contrario, el resultado estaría alejado del original. Y aquí debo hablar del juego verbal, de la ambigüedad y del doble sentido. Como afirma Jesús Marín Calvarro esto “no es sencillamente un aspecto más, sino probablemente la característica formal y estilística más sobresaliente de este autor […] la función del entramado dilógico es tan esencial para la estructura estilística como para la argumental en cualquier obra dramática o poética de Shakespeare que sin su recreación en la lengua de llegada, cualquier otro acierto traductológico carece de fundamento, en el sentido literal de este último término.” (*) Ha sido mi intención trasladar todo ese entramado que, aunque se extiende por todos los sonetos, es especialmente notorio en algunos de ellos, como ocurre en el 20.

En resumen, la traducción de estos poemas ha de ser equivalente y aceptable en la lengua de llegada tanto en el aspecto formal como en el del contenido, que son inseparables. El tono poético ha de ser el mismo. Los versos, endecasílabos. La rima, consonante. Si el traductor no utiliza la rima consonante, está renunciando no sólo a diferentes aspectos del plano fónico y semántico por separado sino a las múltiples relaciones que se producen entre ambos y también con el plano morfosintáctico. El esquema de la rima, el mismo del original: tres cuartetos con rima alterna y un pareado final. El juego verbal, todas las ambigüedades y dobles sentidos deben estar reflejados en la traducción.

Pedro Pérez Prieto

(*) Jesús A. Marín Calvarro. “El discurso ambiguo de los diecisiete primeros sonetos de W. Shakespeare y su traducción al español” Universidad de Extremadura.