Obra Susana Méndez Gago

 

 

El complejo de espermatozoide (en proceso de terminación)

El complejo de espermatozoide es un irónico ensayo sobre la soberbia. Un mal que nos ha impregnado socialmente y que nos ha conducido a la mediocridad individual y colectiva. Una metáfora sobre nuestra situación actual y sobre cómo en nuestro afán por ser los primeros, embebidos por conseguir el éxito, hemos perdido el norte de nuestra verdadera meta.

En un contexto de aceleración es muy fácil perder el sentido de nuestro propio camino y echarse a correr sin saber verdaderamente hacia donde vamos, arrastrados por la marea de la prisa, de las soluciones prácticas y de la consecución de objetivos. La carrera individual se convierte en una carrera grupal donde se miran unos y otros en ese vértigo existencial en el que están envueltos. La vida se ha convertido en una competición por ganar en la que nos hemos olvidado de que el viaje es lo importante, y hacemos de los demás nuestros rivales o simplemente los convertimos en “herramientas” para conseguir nuestros fines. En esa trepidante competición acumulamos experiencias, objetos y otros triunfos, pero somos incapaces de asimilar lo vivido.

El complejo de espermatozoide es un mal que puede afectar a hombres y mujeres de todas las edades y de todas las sociedades. No es nuevo, la historia de las civilizaciones cuenta con personajes célebres que han padecido este problema; sin embargo, las condiciones de la época actual lo han exacerbado y ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en un trastorno común en la sociedad del siglo XXI.


La bondad de los malos sentimientos (Ediciones B, octubre 2012)

Este texto pone en tela de juicio la cultura de la felicidad que se ha promovido durante las últimas décadas, y analiza cómo se ha despojado al diccionario de todos aquellos sentimientos que ponen en entredicho la mercadotecnia del bienestar y que ahora, en medio de esta crisis global, deja al descubierto las carencias de los ciudadanos para gestionar los llamados “malos” sentimientos.

Emociones como la frustración, la vergüenza, la ira, el dolor, el aburrimiento o el sentimiento de culpa se han convertido en los pecados capitales de la maltrecha sociedad de consumo que ahora emergen con fuerza sin que los ciudadanos puedan reconocerlos.